viernes, 9 de agosto de 2013

Abandono



La miré a los ojos. Estaban apagados. Ya no veía en ellos el brillo que siempre tenían cuando me buscaban.
Poco después…se fue.
Ese sueño se repetía casi cada noche desde entonces.
Me despertó una sensación desagradable. Tenía la boca seca, adormecida y un repugnante amargor, todo lo que era capaz de paladear. Intenté tragar saliva y tan solo conseguí provocar unas agudas ganas de vomitar.
Fumaba de nuevo, bebía en exceso. Era una consecuencia más del abandono en el que había caído desde que la soledad era mi nueva y a menudo única compañera.
N dormía todavía. Habíamos pasado juntos el fin de semana. De vez en cuando lo hacíamos.
Dos meses sin follar era demasiado tiempo y decidí llamarla por si le apetecía volver a tener un par de lúbricas  noches de sexo, lujuria…y alguna canción.
No era la mujer de mi vida ni se le acercaba. Tampoco me gustaba demasiado. Ni siquiera se lo hacía bien en la cama. Fría, sin iniciativa. Era el tipo de mujer que les gusta a esos hombres que buscan la típica mujer-muñeca hinchable en la que descargar unos centímetros cúbicos de semen cargado de frustraciones y reprimidos deseos.
Bueno…nos teníamos cariño y todo estaba claro entre los dos.
N se movía. Susurró mi nombre mientras sus manos intentaban localizarme. Sus dedos llegaron a mi cara, a mi boca. Mientras acariciaba mis labios, le mordí con fuerza los dedos. Le gustaba. Se sentó en la cama. Nuestras miradas se cruzaron y vi un intenso fulgor en sus ojos.
Un esforzado “Te quiero” salió de su garganta para retumbar con fuerza en mis sienes durante unos instantes. Te quiero, repetí y casi al mismo tiempo, unas horribles nauseas me obligaron a abandonar apresuradamente la cama.

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