sábado, 30 de marzo de 2013

Huimos



Noche y madrugada. Aliados insomnio y soledad, fuertes como las hienas ante el animal herido, se acercan amenazantes, clavan sus afiladas garras en mi pecho y zarandeándome hasta el aturdimiento, me arrastran hasta las simas más profundas de la oscuridad nocturna, donde anidan la magia y los fantasmas de la noche.
Tras unos momentos… zozobra, desasosiego,… miro, indago y me pregunto: ¿Qué tren es el que me dejó en semejante estación? La respuesta está en el examen, en el voyeurismo interior. Una tenue y lejana luz parece traer la respuesta. Si…el tren se llama La Vida y al vagón donde venía, le suelen llamar Huida.

Profundizo, investigo más en mi interior,  observo y más allá, si, justo al fondo, allí está mi corazón. Abro sus puertas, de par en par, y si es cierto eso que dicen,…” libre te hará la verdad”,… le doy plena libertad.

Si huyo,… desde ahora. Desde siempre. Desde este momento y aquí,…hasta donde me recuerdo,…yo creo,…pienso, que es así como nací.

Si, huyo,…al final siempre me voy, Huyo de la situación, del lugar en el que vivo y  estoy, si es que en él me pierdo o no siento lo que soy. Huyo… de los hábitos dañinos. De los sentimientos fríos. De las personas sin forma. De las ideas sin peso. De los amores sin fondo.

Si, huyo…cobarde me dice, si, la boca de esos valientes. Bizarros. Temerarios sin piedad, que han decidido quedarse y no buscar su verdad. Si, se quedan y como al agua estancada, se les pudren deseos y anhelos insatisfechos,… lentamente,  hasta convertirse todo, en un hedor pestilente. Si, es cierto, esa garganta masiva que grita mi cobardía, es la de todos aquellos que odian su valentía.

Si, huyo…como el agua que desde las profundidades mana y corre, viaja, vuela y ahora va encauzada y después, más tarde,…más tarde, termina siendo cascada.

Si, huyo…como el Sol  de Poniente, que agotado, se evade y tras el horizonte desaparece. Y si, en realidad, está cansado, pero no huye, solo busca. A ese alguien. Hombre o mujer libre, que con impaciencia, al otro lado le esperan. Brazos abiertos, ansiosos, anhelantes de sentir con pasión, su luz y su calor.

Si, huyo,…soy como el ave que emigra y abandona el frio invierno, dejando atrás la rutina y la falta de ilusión. Mi destino, nuevas tierras. Tierras plenas de inquietudes, mundos y universos llenos,… de utopías y de… ¿amor?

Si, huyo,…huyo, porque siempre he sido sangre, flujo  y no inmóvil corazón.

¿Huimos? Yo sí, huyo. Huir, es buscar,…buscar, es vivir…y es que, en realidad, verdaderamente, viví…y no, no huía de ella,…no, solo te buscaba a ti.

jueves, 29 de marzo de 2012

Adiós


¡Adiós, Fantasía mía!
¡Adiós, querida compañera, amor mío!
Me voy, no sé adónde
ni hacia qué azares, ni sé si te volveré a ver jamás.
¡Adiós, pues, Fantasía mía!

Déjame mirar atrás por última vez.
Siento en mí el leve y menguante tic tac del reloj.
Muerte, noche, y pronto se detendrá el latir de mi corazón.

Durante mucho tiempo hemos vivido, gozado, y acariciado juntos,
                                                                                        en deliquio.
Ahora hemos de separarnos. ¡Adiós, Fantasía mía!

Pero no nos apresuremos.
Largo tiempo, ciertamente, hemos vivido, dormido, nos hemos
                                                              mezclado el uno con el otro.
Si morimos, pues, moriremos juntos (sí, continuaremos
                                                                                  siendo uno),
si vamos a algún sitio, iremos juntos a afrontar lo que ocurra:
quizás seremos más libres y alegres, y aprenderemos algo,
quizás me estés ya guiando hacia las verdaderas canciones,
                                                                              (¿quién lo sabe?),
quizás eres tú el mortal pomo de la puerta que deshace, gira...
Finalmente, pues, te digo:
                             
                              ADIÓS! ¡SALUD, FANTASÍA MÍA!

Walt Whitman.

domingo, 25 de marzo de 2012

Sobre el amor y la libertad

Soy el mismo, como antes, enemigo declarado de la realidad existente, sólo con esta diferencia: que he cesado de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí, la metafísica y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi alma, en el mundo práctico, el mundo del hecho real.

Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación.

Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero; sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente; ella está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud y debo libertarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándole el sentimiento de su fuerza y de sus derechos.

Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro; el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aun y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.

He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo; querer la dependencia de aquel a quien se ama es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería lo más peligroso e infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad.

Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo. Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora.

Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos –no son más que mentiras–; la verdad no es una teoría, sino un hecho; la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual.
Mijail Bakunin.

viernes, 21 de octubre de 2011

El deseo

El deseo no es un impulso cualquiera. Es un motor que pone en marcha toda la vida psíquica. Goza de la función de un principio, traducido por el filósofo Ernst Bloch como principio esperanza. Por su naturaleza no conoce límites, como ya observaron Aristóteles y Freud. La psique no desea solamente esto o aquello, desea la totalidad. No desea la plenitud del hombre, busca el superhombre, aquello que sobrepasa infinitamente lo humano, como afirmaba Nietzsche.
El deseo vuelve dramática, y a veces trágica, la existencia. Pero también, cuando se realiza, produce una felicidad sin igual. Estamos siempre buscando el objeto adecuado a nuestro deseo infinito y no lo encontramos en el ámbito de la experiencia cotidiana. Aquí solamente encontramos finitos.
Cuando el ser humano identifica una realidad finita como el objeto infinito buscado se produce una profunda desilusión. Puede ser la persona amada, una profesión muy deseada, un sueño. Llega el momento, y generalmente no tarda mucho, en que se percibe una insatisfacción de base y se siente el deseo de algo mayor.../...
El deseo envuelve energías volcánicas poderosas. ¿Cómo manejarlas? Ante todo, se trata de acoger, sin moralizar, esta condición deseante. Las pasiones empujan al ser humano hacia todos los lados. Algunas lo impulsan a la generosidad, otras al egocentrismo. Integrar sin reprimir tales energías exige cuidado y no pocas renuncias.
La psique está llamada a construir una síntesis personal que es la búsqueda del equilibrio de todas las energías interiores. Ni hacerse víctima de la obsesión por una determinada pulsión, como por ejemplo, la sexualidad, ni reprimirla como si fuese posible debilitarle su vigor. Lo que importa es integrarla como expresión de afecto, de amor y de estética, y mantenerla bajo vigilancia, pues estamos tratando con una energía vital no totalmente controlable por la razón, sino es por vías simbólicas de sublimación y para otros propósitos humanitarios. Cada persona debe aprender a renunciar en el sentido de realizar una ascesis que libera de dependencias y crea libertad interior, uno de los dones más apreciables.
Otra forma de tratar con el deseo infinito es mediante la precaución, que nos previene de las celadas de la propia vulnerabilidad humana. No somos omnipotentes, ni dioses a los que el fracaso no puede tocar. Podemos mostrarnos débiles y, a veces, cobardes. Pero debemos precavernos contra situaciones que nos pueden hacer caer y perder el Centro. Y entonce tenemos que vivir la sabiuría prudencial.../...
La falta de integración de la energía del deseo se manifiesta por el desgarro de las relaciones sociales, por la violencia asesina practicada en escuelas o en las matanzas de personas negras, pobres y homosexuales.
Aprender a tratar con las fuerzas del deseo implica, pues, una preocupación por la salud social. Una educación humanística, ética y ciudadana no deberá dejar de lado la educación del deseo. El gran obstáculo reside en la lógica misma del sistema imperante, centrada en el deseo de tener, descuidando los valores civilizatorios de la gentileza, del buen trato y del respeto a la persona. Por el contrario, los medios de comunicación de masas exaltan el deseo individual y la violencia para resolver los conflictos humanos.
La globalización como fenómeno humano nos obligará a moderar los deseos personales en beneficio de los colectivos y así volver más equilibrada y amigable la coexistencia humana.
Leonardo Boff.

miércoles, 31 de agosto de 2011

W de Vivir

W es un muerto viviente. Aunque él no es consciente de su estado. Nació. Quizás hasta es posible que en determinados momentos, demasiado lejanos ya, estuviera vivo. Pero hace mucho que murió. Respira, aunque no haya vida en su interior. No es un zombie. No. No es alguien que murió y ha vuelto a la vida por alguna maldición. Con algún motivo. W enfermó de burocracia. Una grave afección. A veces irremediablemente mortal. Se instaló en el. En su vida, En su trabajo. No dejó de corroerle hasta acabar definitivamente con su Vivir.
 A pesar de este estado mortalmente anestésico en el que vive, su cuerpo todavía se queja ante el dolor. Uno, en el estomago, hace tiempo que le saca continuamente de su letal hibernación. Las pastillas apenas le hacen ya el efecto deseado. Ha decidido visitar al médico. No soporta ese malestar. Pero sobre todo, lo que no es capaz de sobrellevar, es que por momentos, su cuerpo y su mente le recuerden que la sangre de la vida visita cada segundo, todos los rincones de su adormecida existencia.
 Su visita al doctor, lejos de devolverle la ansiada “tranquilidad”, va a sumergirle en un estado de profunda inquietud. En un principio a W le resultará muy molesta. Después va a devolverle a la vida. En la antesala médica, escucha sobre signos, detalles y respuestas de los médicos ante determinados síntomas. Cuando entra y expone su caso, todo lo que escucha le hace confirmar que su existencia será ya muy breve. Mucho más de lo que quisiera. Su insensibilizada vida está próxima a su fin. 
 En un primer momento a W le envuelve la confusión. Se pregunta que pasa. Donde está, donde ha ido a parar ese sopor en el que estaba sumido? Empieza a percibir con claridad como ha sido su vida hasta ese momento. Le arrastra la impaciencia. Le domina la prisa por recuperar el tiempo perdido. Y en manos de esas urgencias pasará días visitando sitios, conociendo gentes, dilapidando ese dinero que hasta hace poco tiempo solo servía para acumularlo. Piensa: “solo quiero ser feliz”. Tiene ansia de serlo. Se le acaba el tiempo. Pero W descubre que por ese camino difícilmente va a conseguirlo. Piensa, Piensa. Piensa. Quiero ser feliz. Quiero ser feliz. Un día. Una hora. Un minuto. Solo unos instantes. Pero quiero ser feliz.
 W es jefe de un negociado en un ministerio. Allí ha pasado casi toda su vida. Oía infinidad de quejas a diario. De gentes humildes. Pero nada escuchaba. Un sello convertido en extensión de su mano y de su mente, resolvía con celeridad denegar todas las reclamaciones. Piensa. Ve todo el daño causado y decide, que puesto que no encuentra la felicidad, va a intentar solucionar alguno de los problemas de aquellos que se acercaban a el buscando una solución.
 W se centra en eso. Dedica toda su energía a conseguirlo. Un pestilente y putrefacto humedal se convierte en su objetivo. Transformarlo en un bello parque para disfrute de los ciudadanos es ahora su deseo más inmediato. Las dificultades son enormes. Tiene que luchar contra esa burocrática maquinaria de la que tanto tiempo el ha formado parte. No tiene miedo de hacerlo. Poseído por una fuerza plena de serenidad. Llevando la humildad como arma arrojadiza. Haciendo una reverencia ante una negativa y diez frente a un mal gesto, va consiguiendo poco a poco, que lo que se ha propuesto se vaya convirtiendo en algo real.
 Sus compañeros de trabajo no entienden su cambio. Su familia tampoco, Pero esto es solo una pequeña y diminuta piedra en el camino de W. Algo que solo consigue motivarle más todavía. Las gentes empiezan a admirarlo. Le aclaman y W empieza a sentir un bienestar interior que jamás hasta ahora había conocido. Piensa. Quiero ser feliz. ¿Será esto que siento. algo parecido a eso que busco?
W ve ahora cosas de la vida que antes no existían para el. Pasear, mientras el sol le transmite su calor y energía, es un bálsamo para sus sentidos. La silueta de un pájaro recortada en el cielo, le hace ansiar la libertad que nunca ha tenido. Un árbol ha dejado de ser un objeto que se pone o se quita según convenga, para pasar a convertirse en un compañero. Cada risa es un momento sublime. Los enfados, algo a lo que W ya no tiene tiempo para dedicarles.
 Por fin ve su objetivo cumplido. Es una día frío. Su parque está terminado. La noche amenaza con dejar caer un helado manto sobre él. W sabe que el final está cerca y decide entregar sus últimas fuerzas a la gélida noche. Un columpio lo balancea suavemente mientras el canta su canción favorita. La dicha brota de los ojos de W, bajando lentamente por sus mejillas y el mismo aire helado que se lleva su calor y su vida, congela esas dos pinceladas de felicidad en su rostro, hasta la llegada de la mañana.
Dicen los que le encontraron, que el semblante de W revelaba la expresión de un hombre inmensamente feliz.
Todos alaban ahora al ausente. Y su manera de Vivir durante los últimos meses de su vida. En el funeral, amigos y compañeros embriagados por el alcohol y la pena de su desaparición, se proponen seguir su camino. ¡W será nuestro ejemplo!...dicen. ¡Seguiremos la senda que él nos ha enseñado! Su nombre y sus acciones permanecen anclados en sus bocas durante toda la noche.
El primer día de trabajo después del funeral, revela lo contagiosa que era la enfermedad que W soportaba. Su sucesor en el cargo muestra exactamente los mismos síntomas que él padecía. La vida continua. VIVIR posiblemente sea una quimera.

Señor libranos de los muertos parlantes, de aquellos que se mueven por inercia dentro de un engranaje viejo y milenario” ( Lole y Manuel).

De Vivir, de Akira Kurosawa.


miércoles, 13 de octubre de 2010

Epitafio

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.
Juan Gelman.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Breve paseo por el bienestar y la felicidad

Agobiado por el reposo salgo en busca del bienestar. Con mi amada entre las piernas comienzo la suave cabalgada a través de la sinuosa carretera. Es dulce esa primera sensación que tengo después de que el aire me abra las puertas de su morada para envolverme con suavidad mientras la atravieso, lentamente ahora, velozmente después. Unas veces empuja, otras me detiene; pero siempre entre las serpenteantes líneas de su mundo circulan infinitos aromas y olores. Mucho más seductores y agradables ahora que dejo atrás el enlosado pavimento de la civilización para entrar en un mundo de arcillas y margas, de arenas y polvo. Aromas de sol, olores de sombras. La dulce fragancia de la higuera me hechiza y no puedo resistir la tentación de detenerme bajo su umbrío cobijo para saborear con lentitud y deleite el dulzor y la jugosidad de sus frutos. Unos sorbos del agua fresca de la fuente que a los pies del árbol mana irrigan todo mi ser de la melosidad de esa fruta que lo único que intenta es parecerse a ti sin conseguirlo. El bienestar se apodera de mí. Un nuevo impulso y a lomos de mi nueva compañera afronto un suave descenso mientras la mirada se dirige a ese suave enfrentamiento que se da en el horizonte entre el dulce azul del cielo y el fuerte verde de las encinas, ansiosos por ocupar los espacios que Gaia con su movimiento va derramando entre sus moradores. Mientras nuevos perfumes agrestes, como el del sudor de los animales, el del polvo mojado o el de algún trozo de leña agredida por el fuego, me van envolviendo de nuevo, contemplo como cae la tarde con la lentitud de un telón que al acabar la función, va intentando poner fin al decrépito día y abrirle paso a través de las venas de la vida a una nueva noche llena de la magia y el poder que atesora la oscuridad en la que vive. La felicidad me inunda. Renazco, percibo e incluso llego a vislumbrar el nirvana e.....inesperadamente, y después de adelantarme a toda velocidad ese conjunto de ruedas, dientes y poleas alimentado por los descendientes de podridos dinosaurios y deslizándose sobre los hijos de putrefactos árboles de hace millones de años, se levanta todo el polvo que tranquilamente dormitaba cansado ya de ese constante auparse y acostarse durante el transcurso del día; el enojo de la molestia hace que se arroje contra mi faz y desafiando a esa breve y redonda extensión de mi cara, penetra en mis pulmones descargando toda su furia en ellos, y consigue que de lo más profundo de mis alveolos bronquiales salga un cofj, cofj, cofjjjjjjjj, seguido de un ¡CAGO EN TUS MUERTOSSSSSS!,...¡CABRÓNNNNNNNN!,...¡PUTOS COCHES DE MIERDAAAA!. Tras unos instantes y recobrada ya la calma respiratoria y emocional, retomo el camino de vuelta y medito sobre lo poco que duran los momentos brillantes y lo breve que es la dicha, la felicidad. Sobre si será cuestión de distancias y de alejarse de la civilización o de saber vivir de otra manera lo que nos depara la vida.