Un mundo. Mi mundo. Un mundo de rebeldía e inconformismo. Un lugar donde si el corazón no quiere, la cabeza no pueda. Mi mundo. Un mundo.
sábado, 1 de julio de 2017
Los besos guardados
...Cuando te echo de menos
y
siento el vacío
me lleno de tus besos
-los que guardé-
para los momentos de crisis
y
lo prometo
-un día-
todos te serán devueltos...
viernes, 30 de junio de 2017
Indiferencia
...jamás la indiferencia
ni para mí
-la quiero-
ni a nadie
-se la deseo-
mata
muéreme antes
que darme a beber
-el frío-
de una flor de trapo...
ni para mí
-la quiero-
ni a nadie
-se la deseo-
mata
muéreme antes
que darme a beber
-el frío-
de una flor de trapo...
Balanza
...supongo
-y además lo deseo-
que alguien
y
en algún momento
pondrá
-de nuevo-
en una balanza lo que soy
y
lo que siento
y
todo lo que peso
y
-espero-
que lo que yo pueda tener de bueno
haya crecido
-suficientemente-
para estrellar ese platillo
-hasta ahora tan liviano-
por su importancia contra el suelo...
domingo, 15 de septiembre de 2013
REBELIÓN (Para los cobardes tristes y deprimidos. Para los valientes arrepentidos)
Acababa su turno de
descanso.
Apenas había podido
dormir. Ni siquiera la extrema oscuridad en la que vivían, consiguió que
pudiera conciliar el sueño con tranquilidad.
Se puso en marcha con
rapidez. Le esperaba la tarea diaria y no quería levantar sospechas. Nada ni
nadie le retenía, pero no era el momento de escuchar reproches y tampoco quería
tener que dar explicaciones.
Los primeros signos de
actividad comenzaron a oírse. Se aventuró por los estrechos pasadizos que
conducían al habitáculo. Estaba nervioso, ilusionado. Fue tocando levemente a
los compañeros con los que se cruzaba. Todo era normal.
Entró. Le gustaba ese
sitio. Los movimientos de los descendientes eran suaves, agradables. La paz que
allí se respiraba le hacía sentirse bien. Después de todo no había tenido
demasiada mala suerte con su trabajo. Aunque nunca había estado en el exterior,
otros se encontraban en peor situación que él. Aún así envidiaba a los que
tenían la oportunidad de conocer algo más que aquel mundo cerrado y oscuro en
el que habitaban.
Concluida su faena,
llegaba la hora de llevar a cabo la decisión que había tomado mucho tiempo atrás.
Se iba. Abandonaría ese mundo de tinieblas y tristeza.
Antes de hacerlo quería
verla por última vez. Llegó a su estancia. Allí estaba. Descomunal. Enormemente
voluminosa. Nunca se había movido de allí, ni lo haría jamás. Desde su
nacimiento, todo sobre su vida estaba escrito y decidido. No tenía la más
mínima posibilidad de elección.
Siempre que se sentía
mal, iba a verla. Le daba fuerza. Frente a ella y mirándola, pensaba que, en el
fondo, era muy afortunado. Él, si quería, podía elegir su destino con libertad.
Nadie lo había hecho hasta ahora.
Solo en su cabeza había
encontrado raigambre la rebelión contra lo establecido. Estaba seguro de que
otra vida era posible.
Una vez fuera de la
cámara, se encaminó hacia la salida. A medida que se acercaba a ella, los
pasadizos se volvían más angostos y empinados. Había que dificultar la entrada
de cualquier intruso o enemigo.
La temperatura era más
elevada y la oscuridad desaparecía por momentos. Temblaba de emoción.
La galería ahora era casi
completamente vertical pero inundada de una maravillosa y cálida luz. Tenía que
hacer un último esfuerzo. Unos pasos más y…
No podía asimilar todo
lo que sus ojos veían. Sus sentidos estaban desbordados. Jamás hubiera podido
imaginar algo así. Un mundo de mil sonidos, colores y sensaciones se desplegaba
ante él. Era soberbio, grandioso, increíblemente asombroso.
Intentó tranquilizarse.
Necesitaba unos minutos para reflexionar sobre todo aquello. Por fin era dueño
de su vida. De su destino. Veía un futuro dónde dar rienda suelta a la
creatividad y desarrollar sus capacidades. Podría tomar sus propias decisiones.
Complacerse si eran las correctas. Equivocarse y asumir el error cuando así
fuera…
Pensaba en su pasado
más cercano. Intentaba vislumbrar el inmediato mañana.
De repente desaparecieron
todos esos pensamientos y cavilaciones. Empezó a sentir miedo, estremecimiento.
Un profundo terror le dominaba. Una tremenda inseguridad se adueñó de él. La audacia
y la valentía que le habían llevado hasta allí, iban desapareciendo
vertiginosamente.
Una palabra retumbaba
en su cabeza ¡Cobarde, cobarde, cobarde! Triste, abatido y cabizbajo, dio media
vuelta para acercarse al lugar por dónde había salido. Miró hacia abajo, dudó
unos instantes e inició el regreso al frío, sombrío pero seguro y previsible
hormiguero que no había tenido el valor de abandonar.
martes, 27 de agosto de 2013
Esperanza
Pasaba el mediodía. El calor era insoportable incluso
dentro de la casa. Se acercó a la ventana. La tórrida temperatura exterior
mezclada con una deslumbrante luz, luchaba por abrirse paso a través de la
gruesa cortina.
Una tras otra, las gotas de sudor de su cara se
lanzaban al vacío, precipitándose contra el antiguo entarimado de madera. Tenía
miedo. Las últimas noticias no eran buenas, pero estaba convencida de que todo
saldría bien. Acudiría a la cita con esa seguridad.
El calor de sus brazos rodeándola la hizo volver a la
realidad.
-¿De verdad no quieres que te acompañe? Si finalmente
todo resulta ser como parece, me gustaría estar a tu lado.
-No, prefiero que te quedes. Quiero enfrentarme sola a
ello. Saber el ánimo y el empeño que voy a ser capaz de poner para afrontarlo.
Tuvo que hacer un esfuerzo para vocalizar con claridad
las últimas palabras. Se sintió desfallecer. Como siempre había ocurrido, la
empatía entre ambos se puso de manifiesto y la estrechó con más fuerza, sujetándola
e intentando transmitirle el apoyo y el cariño que ahora necesitaba.
-Se hace tarde, me tengo que ir.
Cogidos de la mano se acercaron a la puerta. El la
abrió y mirándola a los ojos, la beso
con dulzura.
-Estaré contigo. Recuérdalo.
Bajó deprisa. Salir al exterior fue como entrar en un
mundo onírico e irreal. El calor desprendido por el asfalto formaba una cortina
neblinosa que por momentos dificultaba la visión de las cosas.
La boca del Metro estaba al otro lado de la calle. Solo
el ruido y las luces del convoy que empezaba a acercarse desde la recóndita oscuridad
del túnel, consiguió sacarla de su abstracción y darse cuenta de que estaba en
el andén.
Se sentía a gusto en la profundidad del suburbano. Le
gustaban los olores, la diversidad, el ir y venir de la gente. Solo eran unas
cuantas estaciones y los nervios iban desapareciendo a medida que se acercaba
el desenlace y la respuesta a todas las dudas e intuiciones.
Pasó el tiempo mirando a sus compañeros de vagón. Escudriñando
sus caras. Intentando averiguar qué pasaba por sus cabezas. Buscando la
complicidad de alguno de ellos. Alguien que comprendiera como se sentía en ese
preciso instante. Nadie. Todos parecían estar tranquilos. Ni el más mínimo
atisbo de preocupación en su actitud.
Les envidiaba. Por un momento, una emoción parecida al
odio pasó como un vendaval por su cabeza. En silencio les gritaba desde su
interior. ¿Es posible que no veáis como me encuentro?
¿Por qué a mí?, se preguntó una vez más. Suspiró
profundamente e intentó serenarse. La siguiente parada era la suya. Se abrieron
las puertas y…
Estaba frente al número 49. Allí era. Tras unos
instantes de inmovilidad, dio unos pasos, entró y el mundo quedó atrás. Como si
estuviera pendiente de ella, la vida en él pareció detenerse mientras estuvo
allí adentro.
Fuera de nuevo, se dio cuenta de que todo era todo
mucho peor de lo previsible o imaginado. Durante el regreso de nuevo en el
metro y como si de un mantra interno se tratase, repetía una y otra vez: ¡no puede
ser, no puede ser!
Mientras se dirigía a la salida, cada escalón que subía
la reafirmaba más en la confianza de que de alguna manera, no pasaría mucho
tiempo en resolverse todo
satisfactoriamente.
Una vez en el exterior pareció entrar en éxtasis. Estaba
en un estado de insensibilidad total ante cualquier estimulo externo. Se
encaminó lentamente hacia su casa. Antes
de bajar el bordillo para cruzar la calle, miró hacia arriba buscando la
ventana de su habitación. Vio como él se asomaba apresuradamente. Levantó sus
brazos agitando las manos con energía. Un segundo antes de sentir el impacto
brutal de un enorme parachoques, escuchó como gritaba su nombre de forma
desgarrada. ¡¡ESPERANZA!!
viernes, 9 de agosto de 2013
Abandono
La miré a los
ojos. Estaban apagados. Ya no veía en ellos el brillo que siempre tenían cuando
me buscaban.
Poco
después…se fue.
Ese sueño se
repetía casi cada noche desde entonces.
Me despertó
una sensación desagradable. Tenía la boca seca, adormecida y un repugnante
amargor, todo lo que era capaz de paladear. Intenté tragar saliva y tan solo
conseguí provocar unas agudas ganas de vomitar.
Fumaba de
nuevo, bebía en exceso. Era una consecuencia más del abandono en el que había
caído desde que la soledad era mi nueva y a menudo única compañera.
N dormía
todavía. Habíamos pasado juntos el fin de semana. De vez en cuando lo hacíamos.
Dos meses sin
follar era demasiado tiempo y decidí llamarla por si le apetecía volver a tener
un par de lúbricas noches de sexo,
lujuria…y alguna canción.
No era la
mujer de mi vida ni se le acercaba. Tampoco me gustaba demasiado. Ni siquiera
se lo hacía bien en la cama. Fría, sin iniciativa. Era el tipo de mujer que les
gusta a esos hombres que buscan la típica mujer-muñeca hinchable en la que
descargar unos centímetros cúbicos de semen cargado de frustraciones y reprimidos
deseos.
Bueno…nos
teníamos cariño y todo estaba claro entre los dos.
N se movía.
Susurró mi nombre mientras sus manos intentaban localizarme. Sus dedos llegaron
a mi cara, a mi boca. Mientras acariciaba mis labios, le mordí con fuerza los
dedos. Le gustaba. Se sentó en la cama. Nuestras miradas se cruzaron y vi un
intenso fulgor en sus ojos.
Un esforzado
“Te quiero” salió de su garganta para retumbar con fuerza en mis sienes durante
unos instantes. Te quiero, repetí y casi al mismo tiempo, unas horribles
nauseas me obligaron a abandonar apresuradamente la cama.
sábado, 30 de marzo de 2013
Huimos
Noche y madrugada. Aliados
insomnio y soledad, fuertes como las hienas ante el animal herido, se acercan
amenazantes, clavan sus afiladas garras en mi pecho y zarandeándome hasta el
aturdimiento, me arrastran hasta las simas más profundas de la oscuridad
nocturna, donde anidan la magia y los fantasmas de la noche.
Tras unos momentos… zozobra,
desasosiego,… miro, indago y me pregunto: ¿Qué tren es el que me dejó en
semejante estación? La respuesta está en el examen, en el voyeurismo interior.
Una tenue y lejana luz parece traer la respuesta. Si…el tren se llama La Vida y
al vagón donde venía, le suelen llamar Huida.
Profundizo, investigo más en mi
interior, observo y más allá, si, justo
al fondo, allí está mi corazón. Abro sus puertas, de par en par, y si es cierto
eso que dicen,…” libre te hará la verdad”,… le doy plena libertad.
Si huyo,… desde ahora. Desde siempre.
Desde este momento y aquí,…hasta donde me recuerdo,…yo creo,…pienso, que es así
como nací.
Si, huyo,…al final siempre me
voy, Huyo de la situación, del lugar en el que vivo y estoy, si es que en él me pierdo o no siento
lo que soy. Huyo… de los hábitos dañinos. De los sentimientos fríos. De las
personas sin forma. De las ideas sin peso. De los amores sin fondo.
Si, huyo…cobarde me dice, si, la
boca de esos valientes. Bizarros. Temerarios sin piedad, que han decidido
quedarse y no buscar su verdad. Si, se quedan y como al agua estancada, se les
pudren deseos y anhelos insatisfechos,… lentamente, hasta convertirse todo, en un hedor
pestilente. Si, es cierto, esa garganta masiva que grita mi cobardía, es la de
todos aquellos que odian su valentía.
Si, huyo…como el agua que desde
las profundidades mana y corre, viaja, vuela y ahora va encauzada y después, más
tarde,…más tarde, termina siendo cascada.
Si, huyo…como el Sol de Poniente, que agotado, se evade y
tras el horizonte desaparece. Y si, en realidad, está cansado, pero no huye,
solo busca. A ese alguien. Hombre o mujer libre, que con impaciencia, al otro
lado le esperan. Brazos abiertos, ansiosos, anhelantes de sentir con pasión, su
luz y su calor.
Si, huyo,…soy como el ave que
emigra y abandona el frio invierno, dejando atrás la rutina y la falta de
ilusión. Mi destino, nuevas tierras. Tierras plenas de inquietudes, mundos y
universos llenos,… de utopías y de… ¿amor?
Si, huyo,…huyo, porque siempre he
sido sangre, flujo y no inmóvil corazón.
¿Huimos? Yo sí, huyo. Huir, es
buscar,…buscar, es vivir…y es que, en realidad, verdaderamente, viví…y no, no
huía de ella,…no, solo te buscaba a ti.
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